Admira mi lengua
retorciéndose
mientras mi alma
intentas callar.
Admira mi puño
en alto
o hacia ti
fuerte
pequeño
lindo
no se rendirá jamás.
Admira mi corazón
ardiente
fuego que expulso por mi boca
llamas recorriendo mis venas
que tus manos de hielo
no pueden apagar.
Admira mi espalda
erguida
orgullosa
sin doblegarse
resistente
para soportar todas tus dagas
palabras clavándose
como estacas en la niebla.
Admira mis ojos
desafiantes
sin agachar la mirada
barbilla en alto
y la vida brotando
en cada pestaña.
Admira mis alas
batiendo ante ti
poderosas
cansadas
pero libres
de toda culpa
de toda redención
porque el pecado no fue mío
porque el pecado las liberó.
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