Ardientes huellas dactilares
recogiendo tus translúcidas saladas;
perlas calmando
al desbocado caballo
que cabalga por tus sienes.
Aire cálido
insuflando vida
en el profundo agujero de tu pecho.
Recoge tus bragas
y las usa de bandera,
te corona reina de los siete mares
y pirata de todos los puertos.
Algo se esboza por tus comisuras,
esperanzas recorren tus mejillas.
Cabeza gacha y estremecida,
se corta las alas y te las pone de abrigo
en la fría noche de tus dudas.
La oscuridad te devuelve el reverso
de tu alma,
más siniestro,
más aterrador,
máscara descubierta a la luz
y unos ojos que no quieren mirar el reflejo.
Escalofríos por tu pelo,
los vuelve ramas que susurran con el viento
nombres de ancestro.
Tus raíces estancadas
en agua podrida,
desarraigo para echar a andar
te tiende sus pasos para guiar el camino sin marcar.
Pisa fuerte.
Y te envuelve en un manto de estrellas,
te alza
y sientes el mundo
inmerso
infinito
inabarcable.
Pero te hace diosa de los dragones
y princesa en las nieves,
guerrera del bosque
y hada de los lagos.
Tus ojos símbolo de Libertad,
sincera libertad llena de fallos y dudas,
tu ombligo, escudo
tus pestañas, armadura.
Exhalas dolor que se escapa como un niño
tras los sueños al despertar.
Lo guarda en un tesoro bajo las olas,
valentía para ir a cogerlo,
aguanta
lucha.
Ceño fruncido como una costura
y puntada de hilo y oro para tus cicatrices,
aguja de comprensión
pasado de dolor.
Como una hoguera en una cueva
y un faro en la tormenta,
tu espuma rellenando los resquicios del rencor.
Hazme polen
hazme rayo
hazme plancton
hazme nube
hazme semilla
hazme para deshacer los nudos de mi vida
hazme
y deshaz
a tu antojo
mientras la congoja resbala por los diques
de tus brazos
y nos devora
como un monstruo de ojos verdes
que se clavan en los tuyos
y me miras
pero ya no me ves.
Y otra vez,
trasparentes gemas por mi rostro,
surcos en mi estómago,
quiebro.
Me deshago.

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